Adentro, afuera,
desvanecen lento los días,
son rocas partidas por la mitad,
de frente al enemigo,
el instante siguiente a morir.
Un impulso inquieto,
esto brinca en mi pecho,
sed intacta de justicia,
sangre que brota de una fuente,
el verdadero motivo de la venganza.
Abre los ojos
y permite entrar la luz,
cortados por la mitad,
a un cuerpo fracturado,
abre las manos para siempre,
recoge lo que haya sobrado,
tus huesos son el polvo que
desciende sin dirección en el abismo.
Si batallar deja cicatrices,
en el héroe perfecto te conviertes,
si surges intacto de las bombas,
tu cabeza rueda como la de un cobarde,
cobarde de por vida,
el tonto de la cohorte,
el rey que perdió su corona.
Esta es el hambre,
intacta antes de nacer,
tan muerto en medio de este mundo,
calcinado por su recompensa,
aquí regurgitan todos los perros,
a la par que se devoran tu mano.
Ilustración: "Vanitas" por Jan Fris

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