Dice por más lejano un rumor,
el nombre que vaga sin dueño,
y envejece cual luz quebrándose,
una maldición suplicante en la sangre,
sigiloso por la oscuridad,
el sacrificio en voz de los caídos.
Decapitando soldados y generales,
marcha en su corcel de negro porte,
un jinete sin cabeza, espíritu de la cacería,
peregrino en exilio del infierno,
peste que colma la tierra.
Ay, de los virtuosos sin razón,
el fantasma furioso la verdad desea,
ojos que tiemblen como agua inquieta,
esas manos que ocultan su calavera,
porque esta tierra nunca será descanso,
nada con vida fuera de una sombra,
la lluvia roja en sembradíos y caminos.
Arde la espada,
un relámpago sin coba,
jinete sin cabeza, implacable sicario,
desenfrenada sed por venganza,
el abatido astro de la tormenta.
Es verdad o un parpadeo de ilusión,
cubierta con carne abierta,
el daimón imposible de preservar,
venganza servil de Plutón vasto,
aquí y ahora en la tierra,
arma perfecta,
jinete sin cabeza.

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