jueves, 21 de septiembre de 2023

LA INUNDACIÓN

 

Lento se dibuja en la carne
esa línea en el horizonte,
con carne y sangre, 
dimos nuestras vidas por monedas,
posesiones que yacen rotas,
batalla inútil por repeler la culpa.

El viejo transcurrir a la deriva con los 
párpados bien cerrados,
en curso hacia la orilla del mundo,
un trance que no tiene nombre,
qué será de nosotros,
cobijados por la sonrisa hueca de las olas.

Inútil resistir,
el remordimiento arde en las entrañas,
arrastrándose por debajo y encima de las venas,
un ataque nervioso y sensación de ahogo,
qué podemos hacer ahora,
coludidos eternamente con el miedo.

Las aguas rugen alrededor de este mundo,
sus lágrimas confiesan un pecado,
aquí está la inundación,
bajo el azul inmenso de la nada.

El ojo del huracán cortó polvo y metralla,
con la primera luz del día,
vinieron las aguas y lavaron todo,
bañando con resplandor cada cuerpo,
la condena de ser humano,
imposible de sentir en nuestra alma.

Escucha la respiración del oleaje,
es un halo que se parte cuando baja la lluvia,
yendo de un lugar a otro,
como un círculo de fuego en la palma de la mano,
un soplo silencioso en el aire,
el aliento que nada posee,
y su opresión es incesante,
la inundación.

A la deriva eterna,
sin brújula o timón,
remo o barcasa, 
estas aguas soñaron al cobijar la tierra,
naufragando con tal de permanecer 
inertes a esta nueva marea,
los recuerdos y esperanzas,
sin aire que pese más,
los cimientos del color en el cielo,
inertes en cada próxima marea.


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