Atorado en un recuerdo
del que no puedo escapar,
el mundo se vuelve más pequeño
en cada suspiro,
muy lento se muere el corazón.
Las manecillas, la arena tras el cristal,
marcan el tiempo,
siempre y nunca podré encontrarlo,
desapareciendo del iris en tus ojos,
ahora y para siempre.
Tantas las madrugadas de sueños
interrumpidos, de lágrimas que resbalan
lento, el silencio como el peor compañero,
y el tiempo congelando en las manos.
Son los mismos escenarios,
en la vida a partir de ahora,
mañanas de escaso sol,
tardes interminables,
días colmados con lluvia,
algo bueno pasará,
si aguanto la respiración
hasta caer otra vez en la tierra.
Estirando lo imposible mis manos,
con la intención de guardar tu calor,
pero son palabras, es aliento que se va,
atorado en un recuerdo que nunca sucedió,
son los latidos de tu corazón,
una roca solitaria en alta mar.
Y qué puedo hacer ahora,
sino imaginar un mejor futuro,
porque es demasiado tarde,
para regresar donde iniciamos,
cada calle, cada parque en esta ciudad,
los sentimientos que ya no existen.
Es demasiado tarde,
para escapar de la oscuridad,
siempre con la misma pregunta
y mil de respuestas erradas,
en cuál nube del cielo estás,
si tienes intención de regresar,
aquí te voy a esperar.
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