Asoma el presentimiento,
en medio de la noche tan parca,
en cuanto aúllan los perros,
repentino susto golpeando mi pecho,
el vacío ensanchando su presencia,
nadie aun por aparecer.
Andar por un camino estrecho,
con un lazo entre las manos,
sosteniendo el brillo,
enmienda de los tiempos de bonanza,
las noches de gozo y sobra,
esas noches que no volverán,
la memoria es silencio pesimista,
un sueño que va más allá.
Quiero escuchar,
algo más que el peso de las aguas,
quiero sentir,
algo distinto a este vértigo,
sin color o brillo,
un placer secundario,
incrustándose en mi cabeza,
como esquirlas que descienden
en la lluvia de madrugada.
De la sonrisa de la luna,
quiero extraer paciencia y un abrazo,
uno que arrebate esta suciedad,
cada rastro de espuma en mi boca,
de la sangre en mi cara,
mortalidad en la carne y hueso,
una tierra sin lengua,
flores vendidas sin sombra.
Es el miedo un día equivocado,
angustias aun por suceder,
la imaginación más turbia y sueños
que caminan sinuosos,
en cada dibujo de mis sueños,
los espectros ríen,
devorándose a rebanadas enteras,
la vida y esperanza de los demás.
Quiero recuperar la expectativa,
el aire fresco del amanecer más cercano,

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