EL DÍA
Arriba, mira con atención,
en lo alto, muy alto en el cielo,
este día centella en lo que cruzan mil pájaros,
auténticos ciudadanos de este mundo.
Este es un espejo para el sol,
el estado vivaz en el que nuestro nombre
es visible para los demás,
cumulo bendito de letras, graves, consonantes,
edificando un templo para venerar lo
que nunca conocerás,
fuma desde lo profundo,
un día estos dedos,
brindarán frutos en el espacio.
Convéncete de recibir un regalo,
uno que jamás pediste,
un guiño soberbio en el cenit,
una llama para extinguir todas las preguntas,
y si la respuesta, porque es una y solamente la verdad,
no satisface el impetu de codicia,
este aire y sus ritos permanecen
siempre al margen del día.
El día es noche y viceversa,
la suprema condición mental,
si crear es un acto delicado,
este brillo podría suceder
toda la eternidad.
LA NOCHE
Llegado el ocaso habré muerto,
cambiando de piel en tanto el mundo gira dormido,
arrastrando una vieja emoción,
surgiendo tras una lluvia de estrellas,
en silencio enterrado estacas y filos,
porque mutilar es un sueño,
imposible para quien carece de cuerpo
y es vaho, esencia y letra sin tono.
Este es un espejo para la luna,
alrededor de su cintillo áureo,
aquí es humo que no se disipa,
añorando cada rasgo, cada guiño ausente.
Entre la espesura de los árboles,
en la oscuridad de nombre dicha,
florecimos, por lo que pido, pongas atención,
del canto de la garza,
punto iluminado en la extensión del cielo,
ahora nada es muerte,
sino la impronta resurrección de mil ideas,
reflejando un deseo impuesto
en la mirada, con tristeza,
permaneciendo cual impenetrable muralla.
Ahora la noche es día y viceversa,
un golpe último a la integridad,
el tiempo rompe su cascaron,
mientras el agua fría de cualquier cráter lunar,
hierve sin más recurso para sobrevivir.
Ilustración: "Las ahogadas" por Josef Manés

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