Disfrutemos las luces,
uniendo corazón y manos,
bajo el mismo techo,
cobijados en la sombra
del silencio e intimidad.
Partiremos a soñar,
navegando hacia la esteta
donde mueren las estrellas,
y no quiero decir nada,
si desconozco otra luz
diferente a la de tus ojos,
es este el momento,
restos de una estela
sin domar, sin medir,
prisioneros uno del otro,
abre a mi, tus manos.
El rumor no cambia,
arrastrándose por el suelo,
como rito callejero al crepúsculo,
nuestros pies tocan el acero,
sometidos al clamor
de una perpetua oscuridad,
en tu cuerpo y el mío.
En la marcha consonante
de nuestros latidos,
este mundo se vuelve pequeño,
a raíz de encontrarnos ardiendo,
un carmesí destello baila en el cielo,
navegamos entre el calor y fantasías,
entre las caricias bajo la sábana.
Es este el momento,
dejando un pequeño rastro,
de quienes fuimos anoche,
prisioneros uno del otro,
hoy y siempre,
abre tu corazón para mi.
Ilustración: Edgar Klimt







