Blog dedicado al espacio de la escritura, a la incisión proscrita del alma y su reconocimiento desesperado.
sábado, 7 de mayo de 2016
TEMPLO DE PIEDRA
Escuché el rumor de tu deceso,
pero tu nombre continuaba moviéndose
por la maleza del mundo,
en un instante fecundo,
en un pleno destello de inspiración,
la madeja del amor fue descubierta,
el hilo trágico rueda por cada rincón,
tocando almas y realizándolas en lágrimas,
fue tu voz lo que salvó mi vida alguna vez,
permíteme descubrir si todavía tienes la oportunidad,
cuánto es el tiempo que te queda,
hoy el día se tornó negro,
será así para siempre,
por encima de las líneas,
rodando cuesta abajo,
apareciendo dentro del pastel con la frente
y ojos ensangrentados,
déjame preguntarte por qué,
esperarás por todos los demás,
o simplemente mañana desaparecerás...
No importa lo que sé,
la vida nunca fue gentil,
es el arma que nos asesina,
la vida jamás fue el manojo prometido
de la más inmensa felicidad,
es veneno, es radiación, es la ortiga es la bala,
importa lo mismo que un reverendo carajo...
Escuché una suplica desde el vacío,
tuyo y mío,
no eras tú, nunca lo fuiste,
reclamas por aquella falsa amistad,
debí entonces advertirte,
las circunstancias tu corazón rompieron,
el pasado ha forjado el destino,
un suelo manchado con sangre,
la espera más larga,
el momento más decepcionante del día,
te han ultimado,
te han despreciado,
comparto la misma frustración,
bajo nuestras venas corre la misma sangre,
se entierra la misma aguja.
Dime qué tal estuvo el vuelo,
si acaso he de morir,
mirando por debajo del hombro de cientos de
miles de hormigas,
la visión inhóspita de un cadáver más,
el deseo reconciliado de la vida
y su profana debilidad,
has golpeado tu rostro contra la piedra,
es verdad entonces, todo resulta cierto,
la sangre en mis manos y los sueños ajenos
que mienten bajo mis parpados,
has muerto ya.
dedicado a Scott Weiland
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