jueves, 19 de mayo de 2016

VIDA DE SANTOS


Recorrí, en compañía de un loco este mundo,
siguiendo en la ceguera,
un rastro de palabras iguales al viento,
encontrando cantaros incompletos,
todos esos cuerpos rotos en el camino,
un precio imposible de pagar.

Ayer, sucedió la hora prometida,
el instante donde converge la niebla,
nuestra devoción por la tempestad,
recordé una oración,
para alumbrar la oscuridad,
silencio habló más fuerte,
corrió la sangre como un potro,
tan libre, tan salvaje.

Sucedió un brote de lamentos,
detenidos ante las tumbas,
muestras miradas fueron eco
abrigado por la nada,
recordé la sombra acometida en
el centro de mi corazón,
pienso morir pronto,
porque es un dolor que no se va,
vestigio de un poema en desahucio.

Tuvimos una vida pendenciera,
vida de santos,
acompañados por la locura
y la muerte,
muriéndonos de sed,
rendimos el ímpetu ante
el vicio y su postrada fijación,
obtuvimos una vida igual a todas,
no hay suceso extraordinario en el placer,
encontramos restos y polvo,
impregnando su sabor en nuestros labios.

Sufrimos la dictadura del destino,
dicta, maltrata y descarta,
escribí la nostalgia de esos
días que no me atrevo a pronunciar,
levanté ambas manos,
esperando un milagro,
que nos llevase lejos,
muy lejos de la espiral del desencanto,
levanté ambas manos,
supliqué el milagro,
para no conocer esta vida otra vez,
la vida de un chiflado,
la vida de un marginado,
acompañado de quien jamás responde,
de quien rechaza la miel y el brillo,
quien canta en funerales y jamás duerme.

Pasé semanas vela,
imaginando alcanzar el futuro,
pero mis pensamientos caían en
la misma equivocación,
volviéndose lentos conforme la opacidad
en el cielo desaparecía,
sólo concebí una noticia,
no existe un centro en la luna,
en la tierra o en la vida,
resulta ridículo deambular sin recato,
y cuando por fin,
el sueño ahogaba mis parpados,
soñé con días de encierro,
con alegrías envenenadas,
despertaba asustado,
gritando el horror de la verdad,
por aquello que nunca elegí conocer.

Recuerdo todavía,
los momentos más tristes del loco,
caminando todo el día,
mirando de frente los trazos en el mapa,
él, predicando su final inminente,
brillaba en sus ojos una resaca de amor,
ese que despertó demasiado tarde,
su voz todo el rato se quebraba,
contando una historia de vida,
cuando nació en la punta de
 la esquina de una calle
que nunca existió,
una tarde calurosa de cielo despejado,
como eran los días en tiempos
que sólo dejaron la nostalgia,
convirtiéndose en nuestra condena,
repitiéndose en cada paso,
un ladrido, su voz,
el loco no deseó a nadie perjudicar...

Así sucedió.

Cuando su última hora,
nos alcanzó en un cruce cerrado,
Él dijo:

"La esencia de los días,
es el genocidio,
aun quedan varios caminos,
por conocer todavía,
en nuestra vida de santos,
vimos balas y derrumbes,
nuestra cara es dura y templada,
como cerámica olvidada,
nos fallan ojos y extremidades,
mi voz se volverá silencio
y a pesar de lo que hagamos,
en gloria de nuestros pasos
iremos desapareciendo..."


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