jueves, 23 de junio de 2016

JUNGLA


Cierto día nublado,
así como cualquier otro en el mundo,
en la vida,
atravesé la jungla y suspiré muy hondo,
estaba en la frondosa jungla entre su verde seductor,
gritaban demás animales y se accidentaban,
no sé, sólo iba de paso.

El cielo con su gris quejumbroso,
amenazaba tras cada paso,
tras cada huella...
"Lloraré",
podía escucharlo susurrar...
...Vi demasiadas criaturas,
me pareció gigantesca la jungla y lo era,
en verdad lo era,
aunque en realidad pudiese pensarse o decirse diferente,
algo miniatura, algo siniestra, algo desagradable,
este sentir es muy frío, desolado y sin alma,
puse entonces atención,
un jilguerito chiflaba,
aspi como miles de pájarillos cantaban,
no sé,
todos ocultos se divertían,
la incorrección de la jungla me hizo sentir
 como si fuese yo su rey,
dentro de un sueño,
desafiando el sinsentido,
un desafío hacia la gravedad que siempre calla,
que involuntariamente se burla.

Sentí pues, enorme y extraña alegría,
sospechosamente muy cálida y muy latente,
mayor regocijo y después... Sorpresa!

Tristeza, triste aquel transitar solitario,
a través del ruido cotidiano y palabras que
 significan nada,
sentimientos que encallan
 en la superficie, miradas dislocadas de enajenados
rostros, ires y venires de imbéciles personas.

Llegué a un punto hueco, desesperado,
así como cualquier testigo que termina sofocado,
el punto rapado,
donde la verde belleza fue hace mucho castrada,
el destino no parece justo,
parece salvaje a pesar de su erguida palma y hermosa,
la jungla se perdía,
entre una carnalidad corrupta,
entre un acero son consciencia,
la jungla se perdía,
entre la extrañeza de este día,
entre mis ojos que se desvanecían,
la jungla se perdía,
para siempre la perdí,
caminé todo el día, toda mi condena,
caminé y regresé a la ciudad,
regresé a la capital.

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