Flotando cerca de las flores,
casi puedo escuchar sus voces,
son salvajes,
su rostro, a la sombra, obedece únicamente al sol,
escondo mis manos bajo la tierra,
hay nudos en mi garganta,
sucede el viento y se lleva algo de mi,
un puño que nunca regresará,
rastros de una piel sin nombre.
Un misterio se mantiene suplicando,
son salvajes,
su rostro, a la sombra, obedece únicamente al sol,
escondo mis manos bajo la tierra,
hay nudos en mi garganta,
sucede el viento y se lleva algo de mi,
un puño que nunca regresará,
rastros de una piel sin nombre.
Un misterio se mantiene suplicando,
algo o nula atención que le brinde la noche,
ante la furtiva mirada de las estrellas,
inaugurando monumentos al dolor,
y para cuando mi rostro muera,
se detenga u olvidado sea,
ante la furtiva mirada de las estrellas,
inaugurando monumentos al dolor,
y para cuando mi rostro muera,
se detenga u olvidado sea,
quiero una pira funeraria que incendie las nubes,
el sonido domado de una flauta,
las promesas que nunca cumplí,
quiero vítores y otras algarabías de cantores,
la respuesta al misterio
escrito detrás del firmamento,
estoy cansado de esperar,
dime si eres capaz de hacer llorar al viento.
Cae la noche,
como vasos quebrándose en el suelo,
promesas en la perfección en mi jardín,
un trago de esta luz de luna en copa vacía,
acaso habré susurrado para entonces el olvido,
nubes y oscuridad,
evapora lágrimas hacia el cielo,
el recuerdo de la búsqueda por satisfacción carnal,
evapora lágrimas hacia el cielo,
el recuerdo de la búsqueda por satisfacción carnal,
la madre de todos los sufrimientos,
ah, pasmosa eternidad,
una carrera que no consigue perdonarse,
el principio encontrando su final,
el principio encontrando su final,
¿es esa auténtica justicia?
Una vida dedicándome a buscar otra orilla,
meciéndome sobre la tela de un mundo paralelo,
crudeza, nueva noción de los días contiguos,
se borra el último rastro de veracidad,
de ruido, el borra su rostro,
enmarcando los recuerdos,
tal vez sea extrañeza,
tal vez un horario que no difiere su paso,
uniendo los puntos,
bosques de sauces mojados,
llorosos todavía,
un desierto que jamás miente,
camino de frustraciones,
la nueva orilla,
tal vez hoy todo intento se figure inútil,
no lo es,
ilusión llana,
plenitud que sobre vuela,
cerca del suelo,
justo por encima de todas las flores,
se las lleva.
Cansancio desconocido,
del alma y sentidos,
de esta corrección que no supura identidad,
sea un error,
o tal vez maldición,
cuando la sombra del ocaso se aproxima,
son olvidados todos los sentimientos,
sea prometida condena,
ociosidad peligrosa,
gesto que silencioso deambula,
conciliando secretamente el alma con la oscuridad,
ya no será secreto,
tan sólo el mismo error
que osado re repite,
marginado,
un reflejo insólito de la decadente imaginación de una
trasnochada estrella,
inspiración y recato,
un mortal decir que viene y va con los días,
y las preguntas revuelven las entrañas:
¿Quienes somos?
¿Dónde estamos?
Decisión que remite permanencia,
besar el amanecer,
surcar el horizonte,
donde jamás vira el viento su correría,
proclamando voces en el noctambulo sentido,
sentimiento de abandono,
intenciones llanas pronunciado;
carnicería,
sombras,
un leve brillo de cualquier estela,
mis flores,
sangre.
Afuera,
en la lluvia,
el sonido y su misterio,
un goteo incesante,
la niebla que se figura bajo los parpados,
más allá de la lluvia,
lo que sea que mires,
lo que sea que tu corazón contagie,
una extraña bahía,
un brebaje,
cientos de miles de ilusiones,
es unidad la muerte,
para este cabello,
para estas esperanzas,
pieza de mi corazón,
libre para irse,
para quedarse,
para nunca más reanimar,
estallando en lágrimas,
estallando con el planeta,
no son llamas,
pétalos nada más.

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