viernes, 25 de noviembre de 2016

PROMETER EN LA INMORTALIDAD


Alma, qué pena padeces,
matando silenciosamente la venganza,
una búsqueda absurda de la verdad,
por qué no encuentro perdón,
entre todos los muros de la jungla,
en el interior de mi propia cabeza.

He cometido las barbaries,
he olvidado,
he escupido una y diez veces el hueso,
tiritan mis manos,
no es lo mismo controlar a ser controlado,
una manipulación interna del salvaje impedimento,
es un sueño,
tal vez lo soy,
muriendo de un momento a otro.

Se han consumido todas las luces,
es así con las miradas y el tono demacrado
 en su expresión que nada dicen,
levantando la mano y suspirando,
quemándose en el centro del planeta,
un infierno ficticio que en realidad existe y grita,
vejez y otra enfermedad fulminante,
la ira de los ociosos,
piel que se derrite,
miles de venas que explotan a la vez,
estas palabras y la rabia,
todo se desmorona,
aun cuando los necios son demasiados,
no parece que deseen frenar sus intenciones,
son inútiles y resultan en una colosal mentira,
se figura un impulso devastador,
imposible detener este deseo por destruir,
destruir la maquinaria causante de desenfreno,
destruirla para siempre,
reducir las mentiras a cadáveres y ceniza,
en un grito lanzado hacia el viento,
en todos los huesos que se rompen poco a poco.

Es momento para volar,
lo saben todos los salvajes,
correrá entonces su sangre,
se derramará.

Nunca más,
no es posible saber de la vida,
en los momentos más desahuciados,
parece vana toda esperanza.

Es el golpe fatal,
lo sé, reconozco el ímpetu,
todavía estoy dispuesto a perdonar,
el poder de la velocidad que corroe el tiempo,
corazón que se rompe y surge como fénix,
alucinación material de carne viva,
alargando los dedos hasta desarrollar tentación,
el plan definitivo,
un futuro comprimido,
el deseo fracturado y delirio convergente,
el peor de todos los sueños,
la verdad que se menciona fácil,
tal como un trueno que llega y siempre abandona,
es tarde,
mueren las máquinas,
mueren las ilusiones,
mecen las campanas,
los huesos son polvo en el cielo,
detén la respiración,
no puedo dedicar más tiempo a encontrar la salvación,
nada parece más cálido y seguro que esta locura,
confortable hasta para dejar de existir,
en el constante error que nunca perdona,
existencia pasando las diez horas de la muerte,
enunciado el principio de una noche en vela,
mis ojos son dos racimos cansados,
es demente pensar en un destino diferente,
puede pasar,
puedo mejorar,
aventando esta piel muy lejos,
abandonando lo negro de esta alma,
el rostro salvaje,
la oración severa e incorrecta.


***

Tiempo brindándose pleitesía,
acaso es la vida, un manojo perfecto de maravillas,
estrellas que yacen ocultas bajo tierra,
en un mundo real,
en un jubilo constante que no desmerece,
de un sueño a otro sin perder movimiento,
palpitaciones futuras,
en la tierra de la nada,
en cuanto a todas las acciones que se rompen,
un cristal nocturno,
estos ojos que se derriten,
la locura en la que todos deambulan,
cuerpos difusos,
mentes sin localizar,
almas ciegas,
de un extremo a otro,
el contagio colectivo entre la onda circular
 de todas estas agujas de neón,
viviendo tal cual otros mencionan,
la naturaleza no significa celos ni billetes que caen de
 ninguna parte donde la lógica es plena y real,
me voy rompiendo,
ha sido todo por el golpe fatal,
este sentir complicado,
a dónde ir con el cuerpo desprendido,
a dónde ir si no existe mañana,
en el día más grato de todos,
aquel que recuerdo todavía.

En la disonancia del engaño,
levantando el rostro ante la lluvia tóxica,
un momento desesperado,
lanzando los relámpagos,
sangre, piel y arena,
péndulo lacerante,
relativa es la explicación,
eléctrico es el debate.

Definitivo.

En el ruido.

El ruido.

  

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