jueves, 5 de octubre de 2017

HISTORIA DE UN MUCHACHO


      La primera vez.

La primera vez cuando salí al mundo,
radiaba un sol desconocido,
diferentes parecían las calles por las que tanto
 me pasearon cuando niño,
yo mismo no era el mismo,
en circunstancia de una adolescencia fugaz,
inminente fue llegar a la madurez.

La primera vez cuando bebí del vaso,
licor, dulce, añejo, opaco, agrio,
mi lengua encontró ruptura,
mis manos libertad,
fluyendo entre las capas del aire,
invisible, silencioso,
abrumado por la magia del sonido,
mi sangre cubierta por el fino velo de la risa.

La primera vez cuando llegó el mareo,
trajo consigo la confusión del sueño,
un espacio abierto,
esa noche irrumpiendo bajo mis parpados,
una casa diminuta,
voces amontonadas en los pasillos,
una guerra se avecinaba,
el trayecto confuso entre caridad y furia.

Tal como amanecen todos los días,
así amaneció,
tal como arriba el crepúsculo,
así sucedió la primera vez,
el ardor en la garganta,
el agua fría golpeando mis mejillas,
imaginando un camino que no fuese miniatura,
pero en aquel momento,
cualquier movimiento se volvía pantomima de una sombra,
no existía el miedo,
sólo el repentino desconcierto,
mezclándose en el fondo del vaso,
de la botella en pleno ahogo,
con la bravura de la juventud con su inexperiencia.

Todos nacemos gritando,
todos nacemos fuera de control,
todos vivimos buscando,
todos vivimos corriendo,
todos morimos en un destello inexpresivo,
todos morimos el primer día.

La primera vez que salí al mundo,
el día que no quiero olvidar,
el viento, los sonidos,
el camino, ese sol desconocido,
lo guardo en el corazón,
en la sangre,
en la historia que tengo por contar.

Si aun el eco me niega su efecto
 para que mis palabras resuenen a través del tiempo,
aun si mis palabras se queman,
si se las lleva el viento,
si  llenan de dulce nostalgia mi hoy,
cerraré nuevamente los parpados,
reviviré cada uno de los preciosos momentos,
supe yo que sería poeta,
en la locura de despertar,
no existe nada como la vez primera.

Más de diez años ahora...




Ilustración: Edvard Munch

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