Blog dedicado al espacio de la escritura, a la incisión proscrita del alma y su reconocimiento desesperado.
lunes, 12 de febrero de 2018
...Y LA ENFERMERA...
...tocó las campanas,
de un día no tan distinto a este,
anterior de posibilidades vastas,
en el reino de las estrellas,
subordinándose con la falda bajada,
todo es parte del mismo sueño,
de la misma frenética expresión orquestada:
"No, no es mía esta felicidad..."
Una melancólica suplica,
el anciano mira detrás de la imagen,
ideando el instante,
pensando en voz alta antes de cruzar el otro lado,
deteniendo en la eternidad su aliento,
el reloj grita,
a pesar de la ausencia,
de todos los dolores en el cuerpo,
siempre se tendrá otra tragedia,
una perdida mayor,
alejándose de la vida y su brillante alegría...
...Y la enfermera dijo:
"No puedes tenerme,
los amigos nunca regresarán,
estás lágrimas que corren serán eternas..."
En un cuento que parece jamás concluir,
en el centro del ojo de la tormenta,
anclándose donde las consecuencias parecen siempre reales,
tal como las ondas perecederas de la vida,
caminando para idear otro rumbo,
un solido destino sin fondo,
una pesadilla que se alimenta de cremosa sangre.
Parece cansada el alma de ser,
llamándose como tal,
un pequeño gramo que se desvanece cuando la noche dicta
un guiño que muere y se reencuentra para dialogar,
una punta de lanza,
la boca de cañón,
una sonrisa que no muestre ningún diente,
salvo el temible colmillo del miedo,
sólo eso,
nada más...
...Y la enfermera dice:
"este polvo salvaje es sólo mío,
dame tu parte del tesoro,
yacen frías tus manos,
tanto como tu cabeza,
están muertas,
estás muerto,
rodeando este juego con piezas,
huesos, son huesos, son sueños,
una personalidad que no se calla,
es parte del tablero,
parece que este todo es parte del todo,
el para siempre perfecto..."
...Y continúa la enfermera:
"siendo parte de la misma sustancia,
un incierto racimo de flores marchitas,
decisiones, decisiones,
pateando las cabezas,
permitiendo al viento soplar más fuerte..."
Demasiado tarde para arreglar esta vida,
centellando las visiones de estos entes morados,
todo reside en la blasfemia de un canto,
dirigiendo el color blanco hacia el sepulcro,
dirigiendo actos contrarios contra los inocentes,
hoy, todos dejaron de ser niños,
son ancianos inmóviles y lujuriosos,
y la enfermera viene para cegarlos,
refiriéndose a otro ardor,
este momento cuando se detiene el tiempo,
a la deriva en el mismo mar carmesí
que nació con el mundo...
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