viernes, 15 de junio de 2018

T9EMPO


Puedo escuchar lo que dice el reloj,
manejándose distinto a los humanos,
vistiéndome con aquella tristeza azul,
ofendiendo con sus promesas,
con su verdad.

Contando segundos con los dedos,
deseando escapar de mi realidad,
fácil es olvidar,
maniobrando con palabras sencillas,
a las propuestas de éxito renunciar,
no es mi lugar.

Tengo colocadas las manecillas,
hacia la autocomplacencia de los desdichados,
es mi nariz explotando,
desearía desprenderme del corazón,
tinieblas y otras joyas,
mis ojos en sus propias cavidades,
desviándose. 

Irregularidad en el tiempo,
sueño despierto a medianoche,
opciones, tantas en la vida,
fórmulas ganadoras por igual,
callejuelas y otros centros de placer,
capacitándose hasta conformar una oligarquía,
centro financiero universal.

Hoy, me visto con un suéter viejo,
no tengo más defensa,
seré por siempre culpable,
a nadie he lastimado jamás.

Creo que pronto moriré,
no es hoy el día,
mensajes cifrados,
tela que se desgarra,
meditando sobre la orilla del mundo,
caen las aguas,
rayos tóxicos del sol,
mírame,
no volveré a renunciar,
todos los días son para ganar.

No logro desvanecerme,
tan sólo continúo.
En un sonido.
En un chasquido.
En un síntoma.
Recordando.

Mis amigos son humanos,
pensando y creyendo en los autos,
desenvolviendo sus vidas,
eso dice el itinerario,
suyo, propio,
escrito con tinta invisible,
eso dice el reloj,
no son imaginarios,
eso dice el reloj,
se quiebran sus parpados.

Si el tiempo es relativo,
¿Dónde quedan sus aposentos?

Un solitario parecer,
en algún instante aparecido,
llegado desde la nada,
tan de pronto detenido.

Si tenemos el tiempo contado,
por qué se desperdicia como el agua
 cuando fluye a través de las tuberías...




Ilustración: Obra Única por Carmen Luna

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