miércoles, 26 de septiembre de 2018

LA BREVEDAD


Pasan los días disfrazando los años,
tan sumergidos por el ocaso,
son sueños a media luz,
ilusión de lampara maravillosa,
y me pregunto,
te pregunto,
Por qué me odias tanto...

Siempre fueron palabras,
maldecidas, puestas a secar en el viento,
una o mil tardes polvorientas,
a tientas de la frágil juventud
el lóbrego recuerdo,
ceguera convenida,
intentando alcanza algún destello,
con la yema de los dedos.

Nunca dejarás de esperar,
optando por un bando,
levemente la luz del día se va,
y es ese tu castigo,
sonriéndole a la nada,
un saludo desesperado a la noche...

Una recitada mentira,
que rosa cariñosamente el espejo,
y te pregunto,
por qué te escondes,
ahora estoy perdido
te pregunto
cuáles son tus sentimientos,
te pregunto,
Quién eres...

Jamás un mártir.

Mirando su juventud derretirse,
desde lo alto en la piel,
cuando todo lo que amaste,
es ahora una brizna,
te pregunto,
cuánto fallarás.
presa del miedo.

Quién serás mañana,
disponible para soltarse y vagar,
las calles son las mismas,
rutas que callan,
y te llenará el cansancio, 
imaginando pequeñas victorias,
cuando todo lo que tienes son derrotas,
te pregunto,
por qué eliges odiarme,
en dónde podré yo desaparecer...

Tus manos llenan el dolor,
tan juntas como si rezaras,
deseosas de vivir,
ajenas a la brevedad,
imposibles ante la satisfacción,
víctimas de la brevedad,
hijas indecisas de la brevedad,
silentes advertencias de la 

brevedad...


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