viernes, 2 de noviembre de 2018

DAMASQUINAS


Habrán de creer en la gracia,
cuando el momento llegué,
dejando la carne atrás,
huesos enterrados,
bajo la luz de la luna,
bajo ciénegas y paramos,
nacerán todas las flores,
sedientas.

Emociones,
salvajes,
tan vivas,
espectrales,
en un mar de color naranja,
sus ojos están abiertos,
emociones,
fluyendo en las venas,
una con la sangre,
derramándose por la boca,
condenada por las llamas,
jamás de la última gota beben,
emociones,
su palabra es eternidad,
son la niebla,
son las flores.

Todos los años despidiéndose,
delicias bajo los árboles,
descansando en paz,
llegando desde lo recóndito de un recuerdo,
celestial, carnal, humano e inanimado,
es el vino dulce,
agua amarga, cruda,
en todos los sueños contenida,
es la presencia de los muertos,
manteniendo el camino iluminado,
aunque sea época de guerra,
de amor y prosperidad,
tan cerca se presumen,
yacen las flores en sus manos,
no tienen miedo,
aquí no existe.

Donde los días son noches,
son eternas,
caridad de inmaculada fe,
donde los días son una chispa,
descolorida,
tan llena con dolores,
llegando en un parpadeo,
lista para irse,
donde los días son uno,
donde la muerte complementa
 su propia alegría,
donde los caminos son iguales,
donde los días son cándidos
 episodios para la vida,
hablando a través de los ojos,
de las mucas,
del color de todas las flores,
en el país donde reposan los muertos,
en el mundo donde los vivos gozan.


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