lunes, 20 de mayo de 2019

EXPIRANTE


Sabor agridulce,
prójimo,
cruzando las marcas,
estos caminos,
mis encontrados sentimientos,
describiendo todos los momentos.

Tengo un eco,
resonando,
hace semanas,
una voz acusadora,
síntoma de la muerte,
aire fresco,
luz rota.

Esperanza en la rabia,
sangre mía,
eres la máquina,
cerebro,
perfecta autoestima.

Tan alto se manifiesta,
es el cielo,
muchedumbre soportada,
mirándonos las manos,
de frente y contando,
reversa y progresivamente,
un disparo en la sien,
corte limpio en la garganta,
nunca fallando,
el mundo sobreviene,
es el jodido fin.

Mirándonos los ojos,
agujeros existenciales,
una mente sin completar,
los minutos no pasan en vano,
escuchando sin comprender,
sintiendo sin corazón,
tan pálidos y tiesos,
tan vivos o muertos,
tanta es la furia,
un camino azul,
un planeta verde,
la mentira del sobrecalentamiento,
una y mil más.

Sobrenaturales,
andanzas y el ojo dorado,
dejando el cuerpo atrás,
revelando fantasías,
madurez necesaria,
vamos entonces a morir,
tan pronto como vuelven inválidos,
como observen de nuevo los ciegos
 y los sordos continúen siendo sordos...

Ríspido sabor,
crisis fatal,
nadie busca su racimo de verdad,
nadie es el nombre,
incorrecto a las seis de la mañana,
putos agujeros de bala,
es gigante el tiempo.

Somos hormigas y nada más.

Y todo se rompe alrededor,
y todo es cristal quebrado,
y todo fue consumido por el fuego,
estos parpados sangran,
estos sentimientos por el piso,
este corazón sustituido,
este cuerpo inútil y ciego,
y la tierra continúa girando,
y la tierra es una y nadie observa,
y tengo tanto miedo,
y voy a morir.


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