EL PAÍS DE DIOS.
No me has dejado solo,
jamás en este lugar,
acosado por aterradores sueños,
en un desierto de noche,
donde la tierra es ceniza,
y a pesar de mis dudas,
a pesar de la sangre que encharca los pasos,
donde la tierra es ceniza,
y a pesar de mis dudas,
a pesar de la sangre que encharca los pasos,
Jacobo arribó primero,
exaltando una oración,
erigiendo un templo,
reconociendo un hogar,
Tu aparición, Señor,
toda esta tierra.
Aquí no hay cruces ni temor,
sólo la guía de un río interminable,
aquí no afloran lágrimas.
No me has dejado solo,
exaltando una oración,
erigiendo un templo,
reconociendo un hogar,
Tu aparición, Señor,
toda esta tierra.
Aquí no hay cruces ni temor,
sólo la guía de un río interminable,
aquí no afloran lágrimas.
No me has dejado solo,
brindándome libertad,
cuando hube estado aterrado,
señalando el otro lado de la vida,
el día más bello,
jamás tanta alegría existió,
la nueva llama del amor,
la voz, el eco en el tallo de las flores,
máximo punto de existir,
estoy en el país de Dios.
La zarza ardiendo,
es real su misericordia,
el día más bello,
jamás tanta alegría existió,
la nueva llama del amor,
la voz, el eco en el tallo de las flores,
máximo punto de existir,
estoy en el país de Dios.
La zarza ardiendo,
es real su misericordia,
dando aliento y vida,
esta esperanza brilla,
la promesa permanece.
(no hay lágrimas ni ramas torcidas)
Hoy se disipa la bruma,
cada día cuando amanece,
esperando despertar,
su amor se mueve.
Entre sus hijas e hijos,
mil veces gratitud,
la promesa permanece.
(no hay lágrimas ni ramas torcidas)
Hoy se disipa la bruma,
cada día cuando amanece,
esperando despertar,
su amor se mueve.
Entre sus hijas e hijos,
mil veces gratitud,
el pastor es majestad,
es Él, es eterno en el cielo,
reposa su amor en mi corazón,

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