miércoles, 15 de julio de 2020

ESPADAS


He visto sublimar las espadas,
como espíritus sin cuerdas,
convenciendo con su voz
de cruzar solo el desierto.

Miré sus bocas sangrar,
fueron fantasmas,
desapareciendo sin rastro,
bajo el sol de la tarde.

Ensancharon sus rostros,
en albor de otra conquista,
en manos de un caballero negro,
espada blanca y mazo de cortinas,
galimatías bifurcando sus anhelos,
cuando todo fue cuestión de sed,
y la copa fue el yelmo,
y su maldición,
injuria del Diablo,
una marca en su pecho.

Anillo de nupcias en su dedo.

Son los recuerdos,
un paseo por la juventud,
respirando,
pareciera otra realidad,
un tiempo donde la
caridad fue inocente,
vistiendo una corona
de carne blanca,
y bajo los parpados,
flores con tersos pétalos,
en el centro del pecho,
el filo de la hoja,
una visión...

La hija con 
labios carmín.

Es todo el dolor,
mera vanidad,
deseo impúdico
por matar,
matar el tiempo,
matar desde el cuello,
matar la cabeza,
matar los sueños,
matar las estrellas,
sortilegio de espadas,
erigiéndose contra
este día y su calor.

Una promesa,
un embrujo de amor,
borrando la memoria
y curando en salud
al Nosferatu,
midieron el acero
con sus lágrimas,
bautizo de sus nombres
con fuego,
con piedra volcaron
su camino.

Las espadas,
enuncian su destino,
con el rubor del amanecer,
y su destello fue lo primero 
que atrajo la muerte.

Eres uno,
eres blanco,
enrareciendo tu
deseo, un tormento,
descendiendo para cortar
las palabras.

Eres uno,
perdido
en

el

recuerdo

de

aquella

noche

cuando

naciste


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