Blog dedicado al espacio de la escritura, a la incisión proscrita del alma y su reconocimiento desesperado.
viernes, 17 de julio de 2020
PREDICANDO
Larga, larga caminata,
a través de caminos con espinas,
estos son tus años,
mirando desde el espejo,
son filosos como punta de navaja,
míralos en la pupila,
son tus temores
mordiéndote el cuello.
A todos los países,
este es su momento,
se habrán contagiado con aflicciones,
parpadeos que no se agotan,
hagan todos una promesa,
sobrevivan a la pandemia.
Ahora,
cada palabra es un insulto,
bebiendo de la botella,
cualquier noche,
mirando las estrellas.
No hablemos de sufrimiento,
en soledad vayamos a celebrar,
cometiendo más errores,
es momento de diseñar
por nosotros mismos,
nuestra vida...
Nadando entre injusticias...
Andamos como locos,
predicando sentimientos,
andando por ahí,
cuando el sol aparece,
en calles solitarias,
delante de castillos de facha negra,
cualquiera podría ver,
son hogar de los corruptos,
deslizándose hacia abajo,
tic, tic, tic,
dice el reloj.
Estamos solos,
tirando de la cadena,
cuando la vida parece
sólo ir,
atorándose entre fajos,
son miles, son dinero,
desintegrándose en tus manos.
¿Ese es tu miedo?
Terminaste el milenio,
coleccionando sus despojos,
vamos, pues,
divagando por el mundo,
un planeta afectado,
hoy, todo significa dolencias,
ya no quedan maravillas.
Tiende un mantel largo,
como un río de nubes en el cielo,
aparta las veladoras,
su llama no te quemará los dedos,
bebe directo de la boca,
esta botella es nueva,
tendrás una visión del cementerio,
flores negras en tu plato.
Somos humanos,
culpables de remordimiento,
a las manos llenas,
ojos hinchados,
sangre en los labios,
apartamos la mano
y mordimos el pie,
sólo Dios sabe,
quiénes somos y
lo que habita en
nuestros corazones.
Predicando blasfemias,
con toda la razón,
manipulamos a nuestro prójimo,
somos máquinas de traición,
sólo bastó un beso
y treinta monedas,
salgamos de este sueño,
movamos las calles,
contagiemos todo el mal.
Sólo Dios sabe,
cuál es el cuestionamiento,
en las páginas de tu diario,
amarillas y porosas,
en revelación de milagro
alguna vez, escribiste:
ámense,
y sea hasta la muerte.
Si acaso la vida trata de un sueño,
cuál es su cometido,
mira, va corriendo el tiempo,
sendero por donde todos vamos,
países,
tengan su oportunidad,
porque su gente teme partir,
si todos desaparecen,
no quedará nadie,
las disculpas serán en vano.
Pero si acaso,
predicamos felicidad,
será cosa de ancianos,
en los cuales, nos transformaremos,
orando en silencio,
de frente a calaveras de socios y amigos,
podremos fingir,
entre los restos del día
y la profundidad de la noche,
es momento de liberar,
un delirio, una carcajada,
lavemos nuestros dientes,
escondamos la sangre,
cerremos la ventana.
Regresaré la pluma,
a su tintero, a su botella,
vacío y seca,
predico lo que veo,
lo que sé palabras que se atoran,
y resulta verdad, temible verdad,
nuestras bocas desean caridad,
nuestros corazones ansían,
sólo ansían,
conocer la verdad.
Ilustración: San Pablo ermitaño por José de Rivera
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