Hoy es el comienzo,
de mi reinado en la nada,
sacrificando cuerpo y mente,
estas manos no me responden,
estos ojos, sólo ven oscuridad.
Quiero el poder,
para gobernar sin responsabilidad,
quiero un momento a solas,
para llorar toda la miseria
de este mundo, de mis días,
quiero sentir una caricia,
de compasión para mis huesos,
porque ahora, son despojo,
yéndose con el soplar del viento.
Sacrifiqué mi espíritu,
perdí lo último de mi humanidad,
quiero el poder,
para que mi carne sobreviva,
quiero el poder,
para gobernar sin vergüenza,
porque he sacrificado
en un acto de sangre frente al fuego,
sueños, consuelo y vísceras,
lamentando todo lo que
nunca hice.
Caí como una roca sobre el agua,
hundiéndome como un cuchillo en el vientre,
y quiero alejarme de aquí,
volar como en mis sueños más tiernos,
sacrificar algo más que no sea mi paciencia,
huir tan rápido por calles, entre los autos,
impactar con un muro grueso,
comprender la verdad última...
vivir en sacrílego sueño
la existencia en esta nocturna realidad.
Sacrifiqué mis recuerdos,
para eventualmente morir,
esperando una luz desde
la profundidad, porque hoy,
nada sé, y es mi única verdad,
mi sangrienta caída en lo desconocido,
lamento no darle vida a lo que pude,
hoy, el cielo carmesí ensombrece
inmensos valles,
es la voracidad,
de mi crimen sin castigo.
Quiero el poder,
para embellecer el firmamento,
sacrificando mi mente y cuerpo,
quiero poder,
para sujetar el tiempo y sufrir
la eternidad sobre este planeta,
quiero el poder,
para saciar mi conocimiento,
para exprimir mi garganta,
para exiliar el hambre y la sed,
quiero el poder,
sacrificando mi espíritu,
vertiendo sangre en el fuego,
ser dueño del ruido,
en este mundo de apariencias y sufrimiento,
quiero el poder,
para derramar y beber directo del suelo,
cada lágrima bajo el resplandor lunar.
Tengo derecho,
a no sobrevivir,
estoy en lo correcto,
filtrando cada dolor
a través de mis órganos,
como si galaxias enteras
de estelas con remolinos de fuego
habitasen bajo mis párpados,
ahora comprendo,
cuán mentira es el mañana,
destinado a no existir,
yo respiré la ceniza, el color rojo
de una sombra en mi cabello,
lastimando mis ojos.
He matado la compasión,
enterrándola en mi jardín de lirios,
rojos como carbón que arde,
corrompiendo la escasa dulzura en el universo,
atrás queda el vasto resplandor de una calada,
el humo en labios ajenos,
el sabor de la perpetua derrota.
Aquí, en este momento,
me hundo como piedra en el agua,
cayendo en la espiral del peor sueño,
hundiéndome en la
majestad de los abismos,
soy el trasgo de la nada,
del hastío, un vasallo sin alma,
soy el poder a costa del sacrificio.
Ilustración: "Newton" por William Blake

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