Salimos a la noche,
despegamos,
dignos de vanagloria,
haciendo muecas al aire,
un gesto heroico,
sin ninguna gracia.
Vivimos de noche,
contando nuestros dedos,
siempre en reversa,
intentando volver,
el tiempo, los recuerdos,
el efecto del envejecimiento
en la carne,
revirtiendo las frías cataratas
en nuestros ojos.
Nacimos de una estrella,
bailando sobre tierra húmeda,
de poema en poema,
uno y cientos,
como sombras que gritan,
realizando fogatas,
sucumbiendo al sabor pálido
de los besos de la luna.
Somos uno con la noche,
clausurando el camino fácil,
para conquistar el peligroso,
trata de eso la vida,
es una, como esta noche,
olvidemos nuestros nombres,
somos héroes,
con ardor en el pecho,
con hambre en la mirada,
esta vida, su gloria,
habrá algo más allá,
cuando la osamenta supure
más allá como una historia
subterránea de la principal anécdota.
No quiero ser prisionero,
no quiero cadenas en manos y cuello,
mis pies me llevan a donde decido,
mis ideas son primero,
caer, levantarse,
romper con esta realidad,
uno con la noche,
cuando el silencio parece perpetuidad,
largo y oscuro,
como dionisiaca deidad.
No puedo esperar,
la vida es hoy,
siempre fue así,
antes de nacer y lo supimos,
la vida es catarsis,
lo digo para jamás callar,
la humanidad no es eterna
y agradezco mi mortalidad,
lo digo una vez más,
el corazón va primero
pero se quema al último.
Y me complace no conocer el destino,
abrazando mis limitaciones,
el triunfo radica en romper con tus normas,
volar donde comienza el amanecer,
me complace conocerme y conocerte,
lugares, ideas y sensaciones,
no me he desperdiciado,
en este momento,
la medianoche dice su nombre,
faltan horas para despertar
y mi corazón late con inmenso fragor.

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