Tienes la puerta cerrada,
apenas son las nueve de la mañana,
voy bajando las escaleras,
como si mis pasos fuesen tuyos,
siempre con la luz apagada,
es piel desnuda sobre la madera,
bajando, cayendo,
yo continúo soñando.
Déjame verte a través de la mirilla,
tienes las manos arriba,
es una oración, un rito, la reunión
de tu rostro plateado con el de las estrellas,
parpadeé y sin avisar,
cerró la noche otra puerta,
estabas tú otras vez,
en la habitación fría.
Apenas sale el sol,
es viernes y convivimos en silencio,
sobreponiendo imágenes en papel,
mueves las palancas y el sonido comienza,
guiados por la voces,
tú en tu cuarto,
yo, afuera en el pasillo que no existe.
Quedamos mirando el mismo foco,
uno en el centro del universo,
girando nuestras cabezas y ojos
alrededor del un sol opaco,
abre el día como las flores sus corolas,
alcanzando un rocío diminuto de luz,
el sabor edulcorado de tus labios,
tan lejos, encerrados,
cerraste la puerta,
no me escuchas
aquí estoy.
Ilustración: "Night in St. Cloud"

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