Concédeme la paciencia,
la fórmula ritualista
para enfrentar otro día con
el rostro impasible,
de piedra, expresando el color
de la nada en la mirada,
me desespera que lances
tus cartas sobre la mesa,
me desesperan las palabras
cayendo como flechas sobre
todas las cabezas,
y creo sentir en el pecho
que algo oprime,
fuerte y sin nombre,
me le quedo mirando a la luz
del día que ilumina las meminas,
cierto o no,
¿Por qué se vuelven de arena
todos los días?

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