Ay, de lo que siempre temimos,
las horas frente a la televisión,
un destello clavándose como hierro hirviendo
entre los ojos, la influencia de la programación,
ay, ahora sufrimos por los niños,
quienes han crecido en mujeres y hombres,
maltratando las horas del día,
sufriendo horrores nocturnos
cuando el descanso es cínico
y jamás cumple con silencio,
son las noches el peor castigo,
dentro de una penumbra
que ciega y es densa y caliente.
Inauguran las corporaciones,
la marcha de los valientes,
aquellos que dicen: "hoy y siempre
somos libres",
dime si crees en las mentiras,
dime si cambiaste una caja por
un cable, continua reinando
la pantalla de cristal,
su destello hipnotizador,
el destino está llamándote,
aquel que no es tuyo,
en una vida prestada,
la tuya nada más.

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