viernes, 30 de septiembre de 2022

LAS PALABRAS (ME DESOBEDECEN)

 

Hoy somos normales,
un par de máscaras sonrientes
de ojos tristes,
andando malheridos,
somos una palabra que desobedece,
la verdad fluyendo a través
de la mentira.

Somos tiempo,
un par de manos rojas, 
cortes de carne fluctuante,
un lago cristalino de ruido,
compañeros en plena explosión,
andando perdidos en el mundo negro,
somos eco, aullidos, el fin del camino,
caníbales escapando de su destino. 

¿Quién llorará?
Sobre los sueños del arrabal,
sobre los huesos convertidos
en polvo, en lágrimas,
una suplica de amuleto
que reviva esta suerte
y su eterna maldición aleje.

La eternidad es blanca,
una lóbrega concepción,
abundante en plumas,
como un ángel sin nombre
y son filosas como navajas,
cortando la retina,
incandescencia en el brillo
del sol, un páramo de fuego,
infinito como el sonido
inextinguible de las manecillas,
y eres tú,
en vista de quien duda,
cayendo a través de las nubes,
sin decir nada.

¿A quién vas a llamar?
yendo hacia ningún lugar,
tal vez,
donde los recuerdos se pierden,
en redoble de intenciones muertas,
el buche sangrante de una bestia,
tal vez,
pertenecemos aquí.

Infelices y ciegos...

Somos ardor en carne nueva,
imaginación de extraviados
somos agua, 
el dolor que siempre regresa,
somos cada palabra,
escrita a partir del llanto de las venas,
un sol rojo cual nuestros labios,
percances a suceder...

y es lo que dicen las palabras,
maleducadas,
en presencia de 
cada animal santo,
destinados para lo que nacimos,
sin más intención que desobedecer. 



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