Equivocamos una letanía,
no fue para un trono, para una llovizna,
dejamos atrás el sueño profundo,
para nombrar una cura para el dolor,
conocimos otras figuras
para los mismos animales,
bailamos alrededor de una hoguera,
sacrificamos el cuerpo
en pos de un alma nueva.
Ropas descoloridas
que no abrazan la aureola,
otra guerra por lidiar,
esta vida trata de crear,
el mismo juego perdido,
cuando no pude soportar,
experimentarlo hace tiempo.
Un drama se enfría sobre el papel,
una pequeña nota en blanco,
no habrá espacio en tu corazón
para el odio, no lo permitas,
este es el fin del juego.
Equivocamos el camino,
esta tierra conduce al infierno,
y es tanto lo que deseamos,
revolcarnos en el lodo,
sin diferenciarnos de la tragedia,
a manos llenas,
escrito en una premonición,
en el alma de una libreta con mil
poemas, y cada uno firmado
con la tinta de mis venas.
Cuánto más soportaremos,
este juego casi termina,
no puedo abrazar tu aureola,
tan brillante, lacerando con su filo
toda mi piel, todo lo que soy,
es momento de abandonar
el campo de batalla.
Aquí el caos, la noche eterna,
una intensa helada
congelándonos los huesos,
no hay más rompecabezas por armar,
más caminos por tomar.
Es el fin del juego,
momento ideal para morir,
Potestades, ángeles de la creación,
sujétenme en sus brazos,
descoloridas nubes,
vapor de un par de labios sin calor.
Tus ojos parpadean,
sin pertenecer a este mundo,
aun estás dudando,
si la vida continuará
o si este es el verdadero
fin del juego,
el fin del juego,
la noche más extensa,
el frío más punzante.
Ilustración: "Nighthawks" por Edward Hopper

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