sábado, 10 de diciembre de 2022

SÁBADO NEGRO

 

Desperté hambriento, 
con este peligroso sentimiento,
recorriendo mi cuello,
sin oportunidad de respirar,
deseando jamás haber nacido.

Soy rey,
con minúscula, 
de súbditos y animales,
soy poeta sin corona,
pluma u hojas en blanco,
naciendo de la raíz de un deseo,
soy rey sin destino,
piedras u alguna cosa.

Otro sábado separado de las manzanas,
pretendiendo ante el espejo sobriedad,
amarrando los caballos a un torcido árbol,
pretendiendo no escuchar su cortejo,
cuando los recuerdos respiran mejor,
naceré de una idea sin trastorno,
bebiendo del agua
de la fuente sagrada,
donde nada sentido tiene.

Y suceden los minutos, las horas,
sentado sobre la tierra que llora,
polvo, huesos, despojos de lo que estuvo vivo,
ardiendo bajo el sol,
mirando hacia el futuro,
donde todo es neblinoso, 
esperando nacer de nuevo,
donde el ruido no parezca un delito,
sin medidas nocturnas,
sin otra manía por deshacer.

Desperté tan sólo para caer,
¿cuándo y dónde será suficiente?
Los años aun están por suceder,
desperdiciando estas nubes en el cielo,
sin oportunidad por viajar encima de alguna,
¿acaso la vida siempre es buena?

Una pesadilla sin suceder,
mis parpados continúan abiertos,
en estas venas corre el miedo,
intenso veneno,
desperté para mirar lo que sucedió,
mientras los parpados rebano
y las venas lloran,
tan ciego ante los huesos,
ante esta inmensa luz del día,
la oscuridad.

La oscuridad perfecta.


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