El monstruo es uno,
un dolor aproximándose,
aun sin despertar,
tras los mismo pasos,
una sombra que revienta
en una mancha de luz.
Huérfano de intenciones,
y arrastrado por terrenos áridos,
dejando un rastro
roto por su sangre,
sin encontrar sustento
para el inmenso vacío,
tan perdido de la misericordia,
asesino o victima,
eres o soy.
Hoy, todo ha cambiado,
desprendiendo de su máscara,
eso que ya no existe,
recuerdos de los
mejores momentos,
borrados en lo blanco
de nuestros ojos.
Encontré bajo los escombros,
un cuerpo humano, frío,
resbaloso y sonriente,
con la cabeza desprendida,
supe que jamás
terminaría la pesadilla
despertar sin pánico
es tonta fantasía.
Seremos o cuál es mi nombre,
bajo la montaña de cadáveres y pieles,
dónde más encuentro mi rostro,
sino es en el tuyo,
un reflejo manchado,
el virus de la vida...
ahora sé quien eres
y dónde estoy.
Ilustración: "David con la cabeza de Goliat" por Guido Reni

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