domingo, 9 de abril de 2023

COLONIZADOR

 

Es momento de brillar
andando en el desamparo de la historia,
todo lo que conocí y deseé,
motivo para retar a la muerte,
desconociendo en su cara,
el significado de ser punto cardenal.

Ahorro de esperanzas,
punto gemelo en algún sitio de Europa,
perdiéndome lejos, 
donde nace y muere repetidamente el sol,
ahí donde barcos españoles cayeron
por el abismo,
de una vez por todas,
liberando el mismo pecado,
en silencio.

Atrayendo color hacia la niebla,
estos pasos condecoran el eco,
y sus huellas, son la ceguera que acompaña
los murmullos de una de tantas mañanas
afuera donde el silencio es único,
encadenado contra el mar,
ahí, en la roca donde rompen las olas.

Abre de estar soñando,
con un agujero en la tierra,
donde mis lágrimas se vierten directo
en el infierno, donde mi nombre pierde 
validez de hombre, de ser viviente,
es momento de brillar,
cuando entre las nubes del espacio
vacante y sin nombre,
un sol negro erigirá,
su tumba al revés del mapa.

Negociando con las estrellas,
por gloria o alimento,
alegría y risas,
oro y vida eterna,
matrimonio entre contrarios,
déjame soñar antes de reposar
mi armadura de sensible carne,
sombra de los miserables,
alimentándolos con la visión 
de nubes y huesos,
decorando la belleza de esta tierra.

Y ahora, en terreno extraño,
parece que mi sangre se congela,
en la mortalidad de mis horrores,
los fantasmas en la palma de mi mano,
siendo todo lo que deseé y conocí,
curar mis entrañas del sórdido recuerdo
del pecado original,
ordenado en favor de Dios,
e insultando su favor.

Condenado a la soledad de un castigo
cuyo nombre se me escapa,
en la parcela más lejana,
aún cuando quise mi tormento,
manchando mi humanidad,
América de mis entrañas,
en ti guardo retribución,
el último brillo que verá 
esta parálisis en mis pupilas...

...el último día marcando la carne
en el pellejo de mi cara.


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