Girando, girando de regreso,
a los recuerdos de juventud,
en el fresco aliento de las mañanas,
tras una lluvia ciega,
el sol domina en el cielo con su estatura.
Dependo de las imágenes,
una tras otra impuestas en mi cerebro,
humo reflejando un deseo,
imposible y cercano,
la piel ajena de los altos arcanos,
el despertar sin remedio
de mi rostro fantasmal.
Hoy, cuando nada sabes,
cuelgas de un talón sin nombre,
tus huesos supuran alegría,
sorteando el dolor
como una condena sin rejas,
mírame a la pupila,
el futuro fue ayer,
ayer cuando de la pizarra
fue borrado sin que nadie
notara la diferencia.
Escucho el eco de tus pasos,
una lenta progresión,
como la noche sucede al día,
si perdonar es definitiva solución,
o mi corazón en algún limbo
debo para siempre abandonar.
El olor, tuyo,
enervando mis intenciones,
que este sonido tan atronador,
sea de tu voz,
el toque de tu mano,
tan furioso como la llamarada
que consume todo,
explícame la razón o motivo
para caer de rodillas,
si acaso los actos de Dios
son misteriosos,
habré de girar sobre mi cabeza,
cayendo por siempre,
siempre es demasiado tiempo,
perdido y sin explicar,
desnudo y de color rojo,
destilando la luz de los días,
y suplico entonces,
si en tu voluntad selectiva
querrás iluminar mis palabras,
querrás brindar sabor a lo que
no lo tiene,
emociones a un árbol cortado
desde su raíz,
a las letras sin imprimir,
dales sentido,
aun cuando a cantaros llueva.
Ilustración:

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