Vas y vienes por el mismo camino,
andando codo a codo contra el viento,
contra las tentaciones de este mundo,
en tus ojos reposa el polvo
del trayecto, y en tus hombros,
parece reposar nuestro destino,
y no es ningún secreto,
compartimos la misma sangre.
Tu máscara no muestra emociones,
por lo bajo habita un corazón cálido,
latiendo a la par del mío,
eres el rey de la lluvia,
el objeto de mi admiración,
mi hermano,
aquel que promete y cumple,
aquel que se olvida y reclama,
ese que da y quita,
aun cuando en la vida nada le pertenece.
Unimos sudor y esfuerzo,
andando ciegos a través de la noche,
sufriendo sin merecer castigo,
inocentes, lanzados a este mundo
mucho antes de nuestro tiempo,
y ahora, cuando parece que no
necesitas a nadie,
escucho llorar tu corazón.
Aunque pasen los años,
continuamos andando,
sin que te lo pida cuidas de mi,
y aunque olvides cuánto en
mi vida importas,
quiero sepas que nuestra carne
y alma es la misma,
tan cercana e invencible,
dejando las penas
muy atrás.

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