De ti para mi,
vegetal,
deseé un nombre,
relacionarme con el sol,
fuera del mundo plano,
ahí donde el tiempo no corre igual,
tirando los pétalos por delante,
comiendo del tallo que me visitó
en uno de tus sueños.
Y pienso en ti cada vez,
cuando la distorsión alcanza mis fibras,
no sé si tenga un alma,
aunque mi mente padezca de dolores,
no creo en la suerte o el destino,
salvo por lo que dictan los dados
que Dios arroja en lo alto.
Corremos sin saber el camino,
sobre arena cálida y sus olas,
el cielo podría estar tan cerca,
desalojado por la calamidad,
un espacio ideal para los dos.
Y pienso en ti,
cuando el día asoma o cae la noche,
no quiero saber a dónde iremos,
los horarios ya no existen,
todos están aquí,
los astros y planetas,
los lagartos y los iluminados,
pienso en ti,
cosechando un tesoro,
cada vez que sueñas,
pienso en ti,
porque es lo que más me gusta.
Ilustración: "Gradiva redescubre las ruinas antropomorfas (fantasía retrospectiva)" por Salvador Dalí
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