domingo, 25 de febrero de 2024

CAMALEÓN

 

Estoy vivo y nada más importa,
superando a los mejores maestros,
el caudal soporífero del sufrimiento,
se lleva a rastras mi corazón.

Cada día que amanece lejos,
resucito de entre los muertos,
tengo la oportunidad para resarcir el daño,
enmendando con la verdad,
todo el que hube provocado,
sin argumentos avivados,
es todo lo que deseé.

Y espero verme volando,
por encima de mil rosas,
a punto de perder conocimiento,
encontrando todas las respuestas,
la sonrisa lo es todo,
Dios estuvo siempre aquí.

Parece que todo termina,
los días, los años, las palabras,
en un silencio innecesario,
aferrado a poca esperanza,
viviendo como en un sueño,
en un mundo paralelo sin sustento,
cambiando de opinión,
como de colores la vida sin pensarlo.

Me ofrezco ayudar,
en la mirada de los ángeles,
como un fantasma atrapado,
entre ecos y formas,
en un cuerpo prestado,
de venas con sangre caliente,
un disfraz hecho a la medida,
un rostro sin nombre todavía.

Y ahora, suspiro muy fuerte,
abro un párpado y sigue otro,
despejando la oscuridad,
es este un mundo distinto,
tan cerca de un nuevo latido,
mis manos extendidas,
para abrazar la vida,
una amenaza tras otra,
un remolino sin escapatoria.

El sacrificio es la cima de este mundo,
una ilusión tan imposible 
que abstrae los intentos,
igual a los mismos errores sin entenderlos,
ahora cuando el viento es mudo, 
igualando este sol ciego,
dejando desprotegido mi corazón,
en medio de un limbo,
la decepción no conoce nombres.


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