Yo dije, yo esperé,
con los párpados muy abiertos,
en silencio, a punto de caer,
en este punto exacto,
a nada por desaparecer.
Septiembre, 1996,
fue más clara la señal,
un latido reventando en sangre,
la onda vertida en los ojos,
sucedió como rabieta del cosmos,
hoy es 2024, cualquier momento,
ocurre en la cima de un rascacielos,
ácida materia oscura,
en el costado maltrecho de un corazón.
Las estrellas descienden al amanecer,
cada una es opaca,
un suspiro levanta la ceniza,
ahora son flores de incertidumbre,
un cuerpo divino de fuego,
quebrando el acogedor silencio,
el mayor costo fluyendo sin consecuencia,
la mano más alta a perder.
La verdad es calor a tus manos,
no lo que dicen otros labios,
porque su costo es diferente,
otra oportunidad para mentir,
materia oscura en el pensamiento,
añorar tu alma equivale a dejar suelta
una nota suicida,
tan diáfano que resplandece,
percudido como el relámpago de la caída.
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