Hola,
amaneció en este cuarto vacío,
hoy es mañana,
el sol fue inocencia,
un resplandor gris,
muriendo en el abandono,
el momento de vivir.
Veo a pesar de la tiniebla,
manzañas jóvenes sin partir,
un nuevo chiste,
la colmena de paredes sucias,
de miel negra,
mi regreso a la tierra.
Es verdad, no hay excusas,
este sendero es tiempo,
es cuerpo derretido,
cuencas, dientes rotos,
una cáscara a medio abrir,
la nada esperando,
con sus manos abiertas.
Y son calaveras susurrando,
pestilencia tras las paredes,
chillan en las sombras,
y siempre sonríen,
quiero tapar mis ojos e irme,
lejos donde nunca me encuentren.
Una voz no suena sincera,
es aquel sueño con un paraíso que viene,
tan suave y bello, tan húmedo y cálido,
atrapado en esta rutina del infierno,
es una opción para escapar.
Grandes son las bestias,
devorando la carne a su paso,
dejando intantos los huesos,
huesos que ríen por lo bajo,
y susurran mientras duermes,
el asco que tu corazón tanto desea.
Si las calaveras no existen,
quién se burla desde el otro cuarto,
quién habita en el miedo que corta la piel,
cuando estuvo en la cabeza,
una cabeza cortada.
Adiós,
vuelve a rastras la pesadilla
y lo malo en espera de suceder.
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