Cuánta atención falta,
cuánto aún por hacer,
recogiendo las piezas de esta vida,
cuando en tu cabeza,
la medianoche jamás termina.
Somos traidores de nuestro sistema,
nunca yendo por el buen camino,
es el fácil lo que escogemos,
cuando a nuestros ojos,
el mundo es siempre errado.
Qué hay en tu corazón,
sino una roca muy pesada,
vas lento a destruirla,
en tu alter ego de negligencias,
algo en ti, contagia,
algo en mi, es verdad,
la mayor pereza imaginada
y su calidad baja de vida.
Cuánto tiempo más
por desperdiciar,
atrapados en el eterno vacío,
de una mente en blanco,
de los huesos rotos,
de músculos tan débiles,
arrastrando el cuerpo hacia la nada,
porque nada sucede si no lo deseas.
Este es el mundo,
girando lento y en silencio,
apenas deteniéndose para abrir sus párpados,
en dónde quedamos, si nada sigue,
si cada idea, cada plan, cada sentimiento,
se entumece en la desesperación de ser,
sin nada obtener.
Si acaso hay un culplable,
la terrible verdad o una cómoda mentira,
el transmisible eco, como el virus de la gripa,
cada palabra obstruida con pereza,
como atrapar aire con las manos,
esperando que suceda lo imposible
tras bostezar mil veces.

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