domingo, 19 de enero de 2025

PRIMERO DE ENERO

 

Salto, salto de una realidad a otra,
de la cama de hospital a la calle,
y es casi la medianoche,
toda la gente está afuera,
andando de aquí para allá,
un montón de almas perdidas.

Podría volver, volver por siempre a mi casa,
yendo por este espacio dorado,
abierto en el centro del universo,
de voces que jamás callan,
y atoro cada estrella en mis ojos,
convirtiéndo traslucidas mis manos,
aquí, es la hora del tiempo.

Bebí toda la botella,
así lo marqué en el calendario,
viviré por la eternidad,
golpeándome la cabeza con el techo,
de palabras que no puedo entender,
destellos alrededor de mi cuello,
y caras desvaneciéndose,
todo es borroso afuera,
callado como un aliento a punto 
de ser robado.

Es claro, el camino, el objetivo, el destino,
con la boca es suficiente,
puedo ver lo que sucede en el futuro,
alzando el cuerpo más allá del agua,
el espacio siempre será cálido,
un discurso imposible de esperanza,
toda la gente va muy feliz sin cabeza,
y en mis ojos, caben si sabes cómo 
acomodar cada pertenencia.

Espero y el cielo no esté congelado,
permitiéndome ver,
el resultado de tanto sacrificio,
cuando termine con mi vida,
espero regresar solo con una maleta,
el espacio nunca fue suficiente,
cómodo sí, con las luces apagadas,
sé cuánto me odian los demás,
abierto como fumarola que asciende,
deseándo nunca más escucharme.

Toda la gente,
yendo de un lado a otro,
afuera donde la noche es una,
eterna, a la deriva con sus coches destrozados,
el espacio se abre, nada, nada es una sonrisa,
sin motivos para continuar su marcha,
toda, toda la gente perdida,
esperando lo mejor,
este primero de enero,
andando muertos en vida.



Ilustración: "El diluvio" por John Martin

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