Son deuda de sangre,
estas marcas del horror,
amanecer inspirado,
para infringirse dolor,
yendo hacia ninguna parte,
escribiendo sólo por hacerlo,
sin otra cosa en mente,
sabor ardiente del veneno.
Drogas baratas,
agujas rompiendo la carne,
rojo el atardecer,
hundidos en el infierno y resta aún el eco,
de mil rostros apaleados,
¿Dónde encontrar un sitio limpio?
Si la noche promete nunca terminar.
Tal vez, destruir el cuerpo,
un clavo, espinas, navajas, filos, filos,
un motivo más para salvarse,
destruir el cuerpo, mío,
de nadie, tuyo, de nosotros,
el éxtasis no existirá,
hasta ahogarse,
en cada lengua,
en su fuego.
El arma está en tu mano,
gritamos al espejo,
esta deuda fuera de tiempo,
escribe y lo haré,
mis manos de pollo,
patas de borrego,
aquí nadie cierra,
cortinas, paredes, ojos,
nadie que diga silencio,
nadie que diga mi nombre.
Quiebra,
voluntad en el suelo,
avanza la serpiente por mi cuello,
en sus ojos, las marcas de mi consuelo,
cicatrices en manos,
intentaré de matarme otra vez,
mira de frente este sol,
es soledad, envidia, lujuria,
respirando de su ceniza,
esta quiebra de huesos,
trataré de salir,
salir ileso
salir esta noche,
salir del monstruo.
Adicto a intentar...

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