Ven,
inhala,
fuerte,
profundo,
te bañaron con diésel,
ungido,
despierto.
Estás muerto,
ardiendo sin rostro,
el cielo es una esfera,
se rompe en mil pedazos,
y su cristal,
un espejo empañado,
entierra en el centro
de tus ojos.
Volviendo el mundo en rojo.
Nunca es suficiente,
una calada tras otra,
el color refulgente en las pastillas,
el poder es tuyo,
la decisión,
cuando nada es divertido,
señala el momento,
quiebra el vaso.
Es una guerra,
tu mente,
tu alma,
deshazte de la carne,
señuelo de otras voces,
y es tu destino,
iniciar
en
descenso.
Ilustración: "La agitación de la nube, el feroz fuego fundido del sol" por Edward Frederick Brewtnall

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