UNA EQUIVOCACIÓN EN CINCO PARTES.
I. SITIO DE CORROSIÓN
Veo uno de los pilares centrales de esta vida desde la parte
centralizada el organismo que me viene matando. Un núcleo deforme que susurra,
fuma y se multiplica, sabe que temo por el tiempo que se acorta, me viene
matando, matando desde un tiempo atrás, desde el tiempo cuando mi consciencia
cantaba todas las tardes de llovizna, tardes confortables, grises y húmedas,
aquellas que realizan en mi mente el recuerdo de tus lágrimas resbalando por la
oscilación blanquecina de tus mejillas, alcanzando en su inevitable descenso el
borde de tus labios, lugar sagrado donde tu lengua dispersaba toda la sal. Por
supuesto que recuerdo tu lengua, como jamás podría desprenderme del sueño
cenizo de tu cabello, su aroma perteneciente a todas las flores, el color desmedido
y su largo cubriendo todas mis oscuridades, fundiéndose con la noche para
instituir un solo elemento, la abstracción de este dolor que desde entonces; ya
me sabía de muerte.
II. REFUGIO DESAMPARADO
Será mi desaparición un cobijo cálido, un estado de gracia
entero que brinda misericordia ante la incesante tempestad que identificamos como vida. Sí es
bella, la vida es magnífica y tiende a expandirse, posee la tonalidad más azul,
más pura en sus ojos, como si contara con la personalidad indomable de un mar
de vicisitudes inextinguibles y es más sencillo que nosotros como humanos,
ejemplos de perversión, deformidad, manchemos con nuestros roces, con nuestras
palabras censurables, la bondad de su apariencia y las virtudes de su materialidad.
Es cierto entonces, la desaparición debe tratarse de un rescate, uno acallado,
doloroso pero necesario, quizá en el fondo su real significancia sea el
renacimiento auténtico. Destino de desamparo, destino convertido en amenaza,
huesos inconsistentes, recuerdos que abandonan, sobriedad elemental que funge
como nuevo enemigo, como el traidor natural y además posee un rostro, un
nombre. Fija su mirada lamentable en el espejo y suspira un tanto, acuña sus
manos en el tejado, se pretende Atlas pero irremediablemente es vencido,
vencido por su propio mal, por este destino con máscara de desaparición. Fui
derrotado, estoy condenado, partes iguales de mi deseo fatalista, ahora sólo
quiero un nuevo rocío de agua cristalina cualquier día de una calurosa primavera,
sólo quiero un tanto más de tu compañía, en este refugio desamparado, en este
recuerdo perdido, en mi próximo instante de libertad y corregimiento, seguir
los pasos que hube dado y abandonar mi propia vida con merecida dignidad, la
misma que me fue robada, que propicia que tirite por el riesgo de equivocarme,
el temor de llamarme difunto, de no estar aquí, de no volver e interrumpir
suspiros y demás sueños, planes y correcciones, hechos que no figurarán y todas
las demás mentiras y enfermedades que no podrán ser, el mundo es cruel y tiende
mortificarse ante la crudeza de colores cuya tonalidad desconoce. Y lo peor, no saber más de ti.
III. DESGRACIA DE UNA PUERTA
He atentado con la veracidad, contra la buena tradición de
la vida al decidir no atenerme a ninguna espera agonizante, a ninguna póliza de
vida, estoy seguro que mi castigo ha sido suficiente. Decidí olvidar y romper
nuevamente en el camino, permitir que los perros de la lujuria mordieran mis
orejas, rechazar que los gusanos devoraran mis pies, mis huesos pertenecen al
cuerpo que uso y pretendo continuar amando. El mundo no puede decidir por mí y
sé que pronto estaré muerto. Todavía puedo salir y vagar por este país de
sombras, por este mundo sumido en los nocturnos embelesadores, existe gracias a
esta poesía y es siniestra. Deseo olvidar, olvidar lo que fui y a quienes
conocí, a quienes amé en vida y cuya presencia viva, alejaron para siempre, alejaron
para difuminarse en un horizonte diferente a la perdición que me espera, se
burla y lentamente me consume. Llega a mi mente desde alguno de sus calabozos,
la historia más extraña de mi carrera mientras permanezco en el recurrente
delirio bajo el sol. La desgracia de una puerta, por primera y última vez,
extendiéndose en un susurro, tratándose de miles de vivencias que suelen
percudir el ánimo, las criaturas sombrías que hubiesen preferido no soportar el
influyo de la vida y su tiempo, de su propio tiempo y vida sin consuelo. Retazos
de un recuerdo que no me pertenece, dos sombras cruzando por el umbral, alguna
luz desconocida alcanza a vislumbrarles los pasos a seguir, la puerta se
cierra, las estrellas no serán testigos, sino cuatro paredes descoloridas. Pude
ser yo, pude vivirlo, hacerlo mi exacta realidad, pero jamás es tarde para
escapar, perderse en el breve intervalo, ese que es el descuido de los
observadores hasta pretender ocultarse de la muerte. La puerta se abre y no me
encuentro solo, no lo estoy, compartiré este próximo recuerdo con una ninfa
común, prueba viviente de mi amor por los nocturnos, los romances incompletos, los poemas de
vicio. La puerta se cierra, las paredes aguardan aun más impacientes de lo que
podría estarlo en un millón de años.
IV. NO ME CREO CAPAZ DE ASESINAR A NADIE
Esta manera de vibrar, mi corazón nunca se supo más vivo,
nunca lo sentí así. Estoy de pie,
pensando en mi víctima, en el aroma de su cuerpo tendido entre las
nubes, el carácter diáfano de las consecuencias, del silencio que se postra
sobre mis hombros, en la mueca descompuesta de mis emociones, todo tiene que
ver con el latido incesante de mi corazón, este nuevo latido. Mi destino no se
ha contraído, tampoco estoy en condiciones de negarlo, pero esta mujer ha
despertado en mi esperanza, debe ser ese su nombre. Pretendo regresar al
camino, andar sobre carreteras perdidas, internarme en la maleza inconsolable
de cualquier pueblo, existen ciudad cuyos nombres no pueden ser escritos,
mencionados, tal vez lleve el registro de mis últimos días en un diario, un
documento secreto hasta para mí, suena a locura, suena a imposibilidad. Es cierto
cuando digo que no me creo capaz de asesinar a nadie, aunque tal vez ya lo
hice, arrebaté una vida hermosa para brindarme unos momentos de satisfacción,
algunas horas de vitalidad excesiva, de negación entera. El comienzo de
cualquier actividad visceral, un arranca de furia inexplicable, el peor de los
arrebatos, la muerte que se aproxima: dramática, cambiante, modelando el
estribo que se incendia, los palacios se derrumban por su propia falsedad, este
sonido constante de la destrucción, severo y controlador, no se escribe
distinto, simplemente no lo es. Creo que debe tratarse de una actuación de
sangre, de malos vestigios, una evasión simple, una boca sin dentadura, una
mano sin dedos, semanas sin días, una vida que carece de todos sus años, el
peor de todos los arrepentimientos.
V. CAUSA DE FALLECIMIENTO
No creo reconocer ocasión más perfecta para una
celebración. Escribo la carta que debo dedicarte, sabrás de mi lo que necesitas
solamente, lo demás se quedará perdido, condenado igual que yo a una tumba, es
lo que espero, es lo que pasará, de aquí a la eternidad. No tengo miedo, no
puedo continuar suplicándole a los árboles por un instante de perdón, tal como
te lo supliqué a ti y así desperdiciaste nuestros momentos, decidiste
olvidarlos tal vez, ya no es estrictamente necesario saberlo, la carta llegará
y nada podrás hacer, los días que tanta queja significaron, la extraña
movilidad y la indiferencia a la vida, a los murmullos, a los actores
principales de un hecho demeritado, de esta memoria que no puede contener su
tristeza. Ambos ojos en tu rostro, en el despertar cada mañana y saber el
olvido, la ignorancia, la llegada de lo inconfesable, de la visión cínica de un
próximo cadáver, sólo quiero que sepas
que hubo felicidad en mi vida, siempre sucedió cuando estuviste cerca, conmigo
en el regazo de la noticia, ahora la puerta, tú puerta, yace verdaderamente
cerrada, sé que hoy ya nada te interesa, es verdad. Tanto así como que el
destino me ha alcanzado, la traición se consumó, no podría tener esto mayor
preponderancia: alguien muere, un ser anónimo, alguien que se ha arrancado el
rostro, que abandonó su nombre, que decidió abandonar to9da caridad y buscar
una última sensación de vitalidad. Deberá ser esa misma la causa de mi
fallecimiento, la causa real de toda incomprensión. De esta extorsión. Si el momento llegó, las preguntas aparecerán
solas. Si el ocaso cae, queda solamente
colocar un sello en ambos ojos.
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