miércoles, 27 de mayo de 2020

DISPARA Y ENCARNA


Concebí un secreto,
tan real,
peligroso para mis sueños,
terminé por negar cada uno,
murió sin dolor,
una parte de mi.

Fuera de mis pensamientos,
nublé la visión del mundo,
despegué piel de huesos,
ataqué mis principios,
un dolor que nunca sentí,
cuando perforé mi corazón,
con espinas de un jardín ajeno.

Sólo este dolor pudo matarme.

Jamás tuve mejor ilusión,
Importó muy poco.

Nací en aliento de la cacería,
transcribiendo otras emociones,
madrugada de hojas en blanco,
manchadas con el rojo de la sangre,
perteneciente a mi cuello,
alimentando el filo de la pluma.

Dispara y encarna.

Atestigüé mi error,
imaginar la inexistencia
de años que ya pasaron,
sumisos bajo el frío absoluto,
la nostalgia resulta un tesoro,
hube desperdiciado una vida
en esperanzas tan vanas.

En mi desesperación,
mis ojos que reduje
a un nido de alucinaciones,
quemadas en la hoguera
de compartida vanidad,
tengo una crisis de mediana edad,
soy un niño jugando en el jardín,
temiendo la edad que
a todos nos condena.

Adorné esta tierra
con la sonrisa del sol,
cada día nace nuevo,
cuando el sueño mira
de frente el alba
con sus ojos negros...

el resplandor desaparece.



Ilustración: "Magdalena" por Mateo Cerezo

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