sábado, 20 de marzo de 2021

MÁTAME EN 5 MINUTOS (JIM MORRISON)


Despierta, mi fantasma,
orador de millares, 
paloma blanca
y cuerpo que te desvistes en claroscuro,
sacude el azúcar sobre la mesa,
ayúdame a conservar esperanza,
cuando en mis sueños,
se desprendió de la pared
un tres de julio,
alojándose en una tumba parisina. 

Escribimos desde un lado
distinto del camino,
en este mundo material forjado con 
maldiciones, piedras y suspiros,
edificando ciudades con polvo
y la inmensa luz del sol,
quiero creer que mi deseo no es adverso, 
una imagen de mis venas y tu copa,
si acaso es mi cuerpo vacío,
brinda suplicio al silencio de la medianoche, 
sin mirar, sin tocar, la estela se desvanece,
y seremos más, desnudos, listos para fornicar,
mientras, alguien suspira desde afuera,
un rostro familiar, un poema, un fantasma, 
la tumba fría.

Ay, por lo que van y vienen los poetas,
por lo que ríen y sufren, 
reaccionando como locos, ardiendo,
diáfanos labradores, serviles de la élite sin nombre,
vamos de regreso al pasado,
cuando pistolas e insultos no eran 
más que extravíos y destellos,
y el amor, el amor, el amor es la vía
hacia una ciudad colmada de flores,
cercada con álamos, cedros, robles,
pinos y joviales calaveras que lloran sangre
desde sus cavidades oculares,
y dime, dime en una confesión de amigos,
lo que te orilló a la muerte.

Andamos tranquilos como hijos de la tristeza,
con el diáfano deseo por desprendernos de tal maldición,
bebiendo de tu copa los colores de tu pupila,
abriendo paso hacia el desierto infinito 
de la imaginación de un niño,
disolviendo los planetas tatuados en su carne,
los kilómetros que se cubren con polvo,
donde, tras las montañas, nos bebimos el mar,
rompiendo las fronteras de la lógica,
donde el espacio es hueco,
cenizo como dibujos en blanco y negro,
y seremos la música, las escenas,
el corazón irremediable de una película,
real como los ángeles, como las máquinas,
como el sol que observa con su ojo,
la cultura del desencanto y la rabia.

Cuán vanos seremos, 
contrastado presente y pasado,
negando día tras día el futuro,
ya no existimos en el mismo plano,
somos y no, hombres, mujeres, extractos de la vida,
primordiales y letras disueltas en el aire,
es momento de escuchar, de amar,
eco, suavidad, un disparo refulgente 
en medio de la noche,
eres sangre, no asesino,
mensajero divino llegado del desierto, 
único y delirante,
una celebración distante de cuerpos 
en trance, bajo la palidez de la luna,
un agujero negro extendiéndose bajo el suelo,
girando como álbum de vinilo,
chorreando cromo sobre su cartón
con ímpetu, fuego y distorsión,
voces graves, tristes, 
entonándose militantes 
al quebrantarse el alba.

Y hoy mereces observar lo que sucede 
del otro lado, poeta sin amigos,
muriendo en brazos de tu musa,
arropado por su gloria como una bandera 
que lentamente se quema,
listo para condenar sin derecho ni permiso
y me es difícil idealizar, digerir, contrarrestar,
es tu maldición y no tienes el coraje para admitir,
tus carencias en corazón de la caridad humana,
emulando la tragedia de Rimbaud, 
tan joven y bello, justo de los zorros y zorras,
colmado con los excesos de Blake a quien alabas,
en su palacio de la sabiduría,
y es reflejo de las experiencias con la bebida,
la centella de Huxley ante las puertas del alter ego,
sigiloso por esta cacería nocturna, riendo como poseso
de los espíritus que habitan las palabras,
nunca fue sencillo saberse un solitario,
colocando tu mano encima de una vela,
orando entre la muchedumbre.

Hoy, mirando tu tumba desde lejos,
me pregunto si la lluvia alguna vez
detendrá su cause y caída,
me pregunto una y mil veces
mientras vamos tú y yo 
quemando los años,
 ¿Quién carajo eres?

Ayer desperté contemplando mi pelo largo,
un simio sin tentáculos y mil preguntas revoloteando,
como abejas que se van muriendo en el anonimato,
impacientes y tentando el núcleo inestable
de nuestro sol, tan vacante y único,
penitencia de audaces a sazón de los cobardes,
aturdiendo los cristales del tiempo y 
desconociendo la fecha, cuánto ha pasado 
y después, sobreviene lo complicado de tu vida, 
divirtiéndote, prometiendo inspiración,
daimón y alma, llama moradora en el infierno,
mataste los signos tan pronto naciste,
surcando los cielos penando una voz,
aun cuando el cuerpo perfecto no existe,
y observas antes de irte volando, 
las huestes bovinas en celo,
volando muy alto hasta perderte,
como negra ave de presa.

No, no eres real,
exististe en el pasado,
sin control ni motivación,
pidiendo aventón sobre un camino
de cemento donde las estrellas vagan, 
ahogándote en uvas que arden, 
supurando los racimos del fuego,
el brillo implacable en tus ojos,
quemándose completo en 5 minutos...

Nuestra unión dirige la guerra,
Creador del universo y de nuestra carne y tierra,
un romance verdadero, impulso de lujuria,
un baile bajo la luz de la luna,
alrededor de la antorcha, dentro, arriba,
sonido de la extinción,
reconociendo tu cara frente al espejo,
baila, baila hasta cansarte, hasta que fluya 
la última gota de tu sangre,
baila baila hasta que mueras, 
repitiendo la condena, el ilustrado
pensamiento como parte de tu sueño,
las horas y colores, 
peso inmaculado del dinero.

¡Vuelve a la vida, vuelve a la condena!
y entrégate a la libertad del sufrimiento,
tan sencillo, dócil, suave y libre,
existiendo fuera de la prisión de tu cuerpo,
tu sonrisa y nombre,
antes de marcar las tumbas sin racimos,
los sirvientes con mantas son líderes,
estoy cansado, enfermo, 
no duraré con la vista en lo alto,
en la cinemática de la desgracia,
desnudos tal y como llegamos
a este mundo,
me despediré de todos.

buenas noches
 

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