Esta guerra con la realidad,
me lanzó fuera de mi cuerpo,
conocí la felicidad
por un instante,
transcurriendo la eternidad
bajo mis parpados.
Supuse una maldición,
divergente mientras duren
los días en silencio,
las sensaciones,
los recuerdos,
descansando bajo el claro verde,
una cabeza,
inmóvil sobre el pasto.
Por último,
separé mis emociones
de la tersa fantasía,
y regresé para vivir,
despertando tras una puerta
como un ruiseñor,
eché a volar,
perdiéndome en la noche,
tan densa, tan negra,
como una ceguera.
Me pregunté,
¿Qué significó mi vida?
si acaso lo fue mía.
Y soñando desperté,
en mis palabras,
sufriendo con tanto calor,
brillando arriba en el cielo,
eché a volar,
salí otra vez de mi cuerpo,
prisión de carne y hueso.
Ahora, quiero regresar,
regresar a ese momento,
renovando los años,
tantos los que se han perdido,
¿Quién soy ahora?
Dónde estuviste,
dónde estaré,
quién podrá ayudarme,
a sobrevivir la noche.
El sabor conmigo permanece,
durmiendo solo,
pasando días desangelados,
sosteniendo un puente con ambas
manos, es un pecado.
Oh no, por mi rostro,
me habré ido ya,
dejando las cartas sobre la mesa,
escribiendo este y un millón de poemas,
surcando el aire helado,
ignorando la caridad del diablo,
durmiendo sobre un catre mojado,
oh no, de tanto lo que yace afuera
sin conocer, sin adorar,
quién soy ahora
que hube perdido la esperanza.
Sólo quiero regresar,
solicitar el perdón,
este remordimiento me aniquila,
dormitar bajo un halito de luna,
rememorar sus nombres
y arrancarme la piel de la cara.
Llegó el momento,
de la verdad,
cuando poco dura el tiempo,
a punto de abrazar tu felicidad,
y no fue solución,
sino tormento.
Ya no me importa si muero...

No hay comentarios.:
Publicar un comentario