Todas las preguntas,
desaparecieron de mi mano,
al manejarme por instinto,
ningún pensamiento fue real.
Manejándome intranquilo,
perdido,
dando un paso atrás,
mudo,
pretendiendo un rostro,
un nombre,
ser alguien,
tan sólo un cobarde,
y esa es la verdad.
Entro en una casa,
sólo para quemarme,
arder con los cadáveres,
un pecado a la vez,
un presentimiento de ruina,
de castigo,
cada pregunta sin contestar.
Quedo sin voz,
sin acciones,
con ambas manos inútiles,
con una corazonada
que fuerte golpea,
mil dudas,
los días aun por decantarse,
dirigiendo su luz,
directo a un agujero negro.
Calamidad, entonces,
un minuto de redención,
para esta mente tribulada,
este corazón que late con pasión,
para esta vida,
que no reconoce su destino.
Héroe caído de mil rostros,
máscara de ocasión,
para los días que cruzan
sin mirar,
tan veloces,
y mis manos sostienen el polvo,
ennegreciendo el pulso de
mi tribulado corazón.
Y
ahora
Anochece.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario