Aquí vamos,
publicando nuestros problemas,
aquí vamos,
sujetando instrumentos
de color blanco,
incrustando los sueños,
en el fragor de un disparo.
Alzamos una bandera roja y negra,
quemando nuestros papeles,
reduciendo nuestras vidas
en ardiente ceniza.
Decidí domar el león,
antes de participar
en un acto suicida,
mi testamento en blanco,
mi firma sobre la hoja percudida.
Aquí están las noticias,
con las que miramos el mundo,
insanas preguntas
y ninguna respuesta.
El éxito de la violencia,
desciende por las calles,
no es novedad,
sino la misma discusión,
contando los minutos,
antes de publicar mi revelación.
No estoy preparado para el encierro,
cada mañana un sueño entra
por mi ventana,
no es luz, no es vigilia,
sino una ciudad que se come
a sí misma.
Sincero es el peligro,
tocado desde la distancia,
pensando bajo un cobertor,
en medio de la noche,
ilusionado con despertar otro día
y escribir algo que marque la diferencia.
Y sólo quiero saber,
si conoceré la verdad,
escuchando su voz en el aire,
volviendo más interesante la vida,
batiendo la marea del fracaso,
y quiero saber,
si lograré satisfacer mi curiosidad,
si habré de rescatarme,
si conoceré la verdad última.

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