Salpicaron a tus pies,
lágrimas de nadie,
soltadas por un grito a la distancia,
sentí un vuelco en el corazón,
supe que habíamos
alcanzado el mañana.
Atrapados en medio,
de un sueño y la vigilia,
desterrados a sentir miedo,
concebidos como humanos,
bajo nuestra piel,
por encima de cualquier cielo,
perdiendo la mirada.
Ay, entonces de los recuerdos,
instalados como estatuas,
tan fríos y silenciosos,
supimos nunca el significado
de nuestras vidas,
salvo por el pasar de los días,
encontrándose de frente,
a su final.
Llora un árbol,
sin aparente motivo,
cualquier noche,
inmerso en la oscuridad,
cubierto con tus deseos,
manifestando el sufrimiento
de esta tierra,
tan carente de justicia.
Acaricia con tus dedos,
la corteza,
húmeda,
tus mejillas,
y mientras te preguntas,
si acaso es verdad o no,
escuchaste su rumor...
Tan distante,
cuando su mirada
es la del universo.

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