viernes, 29 de enero de 2021

MIS PROPIOS DIBUJOS

 

Crucé un río,
en el sueño equivocado,
con una canción en los labios,
desperté, olvidando mis pecados,
pero la melodía,
la melodía,
continuó girando en 
mi cabeza todo el día.

Hay de las noticias,
escritas con el
filo de la pluma,
porque hoy, 
su impresión se concibe distinta,
ya no es tinta, ya no es papel,
sino una imagen invisible
a nuestros ojos,
moviéndose con tal velocidad,
semejante al aleteo
en alas de un colibrí.

Y me pregunto,
quién soy, sino un pez,
yendo río abajo,
con el gancho en la mejilla,
tras de mi,
un torrente rojizo,
yendo como poseso,
sin nombre,
sin identidad,
todo es hueso,
espinas,
un ojo en ácido
disuelto.

Todavía convertido en sueños,
deslice el filo, 
sobre un cuerpo,
este rostro que es el mío,
cuando no estoy de pie
ante el espejo,
escurren colores bajo 
mis parpados,
una cabeza rodó hasta mis manos,
y supe lo que temí,
temí en palabras de la mortalidad,
encontrar de frente,
una fuerza indetenible,
y sin motivo alguno 
guardar todas mis fuerzas
para el día siguiente.

Traté, siempre traté,
de consagrar un amor,
en esta vida, 
cuando su mano se enlaza
con la del destino,
engañándote al elegir,
cuando los caminos están marcados,
y es verdad, un dibujo es todo,
un circuito de venas,
la nave que se lleva las navajas,
cortando el tiempo,
cortándonos el aire.

Y repetí las palabras,
de mi hermoso sueño,
la canción más bella,
repetí sin cansarme,
porque continuaba soñando,
con mis propios dibujos,
una fantasía imposible,
carne y arrebatos,
este calor, 
llenándome las mejillas,
y el filo,
resbalándoseme de la mano.

Y mis dibujos fueron

Un mar de nubes,
tan callado,
infinito en su color gris,
siempre tan callado...


Ilustración: Un eclipse conyugal, por J.J. Grandville

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