Escúchame,
si me distingues en el eco,
mírame,
esperando al pie de la escalera,
colérico e invidente,
una luz viene en reversa,
desde el suelo al cenit,
en colores que no son.
En su cresta,
la pirámide aguarda un secreto,
arena, tesoro, palabra,
la corona dorada,
este corazón desea,
temor y furia,
corriendo de punta a punta
las extremidades,
este corazón obtendrá
una estrella que cae,
con su punta sobre la tierra.
Es la carne frágil recipiente,
para el espíritu,
con ánimo de perderse,
donde la noche respira,
sucumben los sentidos
al calor de la negrura,
frente a mil opciones,
el mismo camino...
descenso.
Pirámide que respira,
ominosa,
cúspide de luz,
aciaga bestia de fuego,
pirámide que respira
y está abierto,
abierto,
su tercer ojo.

Sublime
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